Las 10 lecciones de Farkas:
cómo ganar plata
sin morir en el intento
Ayer destelló el sol en Valparaíso, justo cuando la limusina de Leonardo Farkas llegó a la sede del DUOC.
El auditórium estaba de tope a tope.
Microempresarios y estudiantes querían saber cómo ser un emprendedor
y ganar plata. especialmente en tiempos de crisis.
Farkas les daría sus claves.
(Y, seamos honestos, varios esperaban un propinazo).
“Estamos como el Festival de Viña acá”, bromeó y se quejó a la vez cuando el micrófono emitió ruidos molestos. Pidió que le pasaran otro.
Llegó uno peor. A la luz de ese hecho, dio el primer ingrediente de su receta: buscar la perfección.
Traje negro a finas rayas, camisa blanca con sus iniciales bordadas en el puño, colleras, corbata gris de seda, pañuelo ídem. tan elegante como cuando va al mejor restaurante con Betina Friedman, su esposa.
“Aquí en Chile los empresarios no me quieren mucho”, cuenta y provoca expectación en la audiencia. “Fui el único que el Día del Minero di cien mil pesos para cada trabajador mío”. Dice que sus pares se lo reprocharon. “En mi opinión, si les pagas más a tus trabajadores te apuesto a que te van a llegar mejores trabajos”.

Leonardo Farkas
Inicia Leonardo Farkas su primera lección: “Lo principal para que me haya ido bien es que soy un perfeccionista”. Y apunta al encargado de los micrófonos y asevera: “El no hubiera trabajado conmigo”.
Acto seguido, relata: “Mi familia llegó a Chile por el puerto de Valparaíso en 1939. Venían de Transilvania, escapando de la guerra. En Chile crearon una fortuna, pero les quitaron todo y a cambio les dieron un Fiat 600. Después mi padre creó el pisco Río Huasco, y llegó Impuestos Internos y le dijo “usted no ha pagado impuestos en tres años”. Le hicieron una estafa. Entonces yo, que tenía 15 años, empecé a cobrar por mis actuaciones (aprendió piano a partir de los 3 años). Antes tocábamos gratis. Nos fue bien con una orquesta que formamos con los cabros del colegio y le compré una casa a mi papá. Eso que dicen, que yo heredé, no es cierto. Yo no heredé nada”.
Llegó a Nueva York y se dio cuenta de que era difícil mantener y financiar a un conjunto de músicos. Entonces juntó 15 teclados, un buen piano y se transformó en hombre-orquesta. Trabajaba en tres lugares cada día: y el fin de semana lo hacía en un crucero. “Trabajé como burro. Tenía un vasito para que me dieran propina. Después llegué a un restaurante donde siempre estaba Jerry Louis.Y había una persona que daba mucha propina y cuando llegaba todos poníamos una gran sonrisa, y entonces pensé que si algún día me ganaba la Lotería o tenía plata, sería igual que ese señor. Por eso lo hago, por eso doy harta propina, porque lo prometí”.
“Con las propinitas me empezó a gustar la plata”, cuenta Leonardo. Y comenzó a ingeniárselas para desarrollar ideas que le permitieran ganar más. “Ganaba mucha plata y juntaba mi plata. Pero siempre tuve claro que uno debe entregar en donaciones mínimo un 10% de lo que gana, y ahorrar. Muchos jóvenes se la gastan altiro, andan en lancha, consumen drogas. Yo nunca tomé drogas ni fumé. Hice varios negocios: traje escobas, ropa usada, hasta que a los 35 años me jubilé. Me mudé a Boca Ratón (.) Cuando murió mi padre, pensé: voy a volver a Chile a cumplir el sueño de mi padre, y reabriré las empresas”.
Aunque critica las trabas burocráticas que siente que abundan en Chile en comparación con Estados Unidos, es un optimista. “Yo digo: todo se puede. Fui comprando propiedades mineras con tecnología. Y contraté expertos, puesto que era un tema que no conocía. Tengo casi 200 mil hectáreas de exploraciones en Chile, usando tecnología. Los sueños sí se cumplen. Agarré viejitos y les pedí que investigaran todo lo que se descubrió en minería entre los años 1900 y 1940. Así surgió un proyecto bien grande que tengo de petróleo. Me dijeron que la ley decía que si se encontraba petróleo era del gobierno. Pero hay que leer bien la letra chica: dice que el petróleo sólido no es del gobierno; sólo el líquido. Yo encontré piedras con petróleo, rocas con petróleo. Soy dueño del 90% de todas las pertenencias de petróleo sólido en Chile”.
Cuenta que cuando va a explorar al sur se pone sus bototos. “Andaba con geólogos chilenos. Había que cruzar un río cuya agua llegaba hasta las piernas. Alguien dijo que había que conseguir que pusieran un puente. Yo me metí y me mojé hasta aquí, y lo mismo hizo el geólogo gringo que me seguía. Cruzamos el río entre los arbustos y encontramos un lugar lleno de hierro. Entramos a una cueva y nos dimos cuenta de que el suelo era blando. Parece que éste es fino, dije, y les grité a los chilenos: ¡Oigan, flojos, mójense nomás porque hemos encontrado algo que vale la pena! Llega uno y me dice: esto es caca de murciélago. Vimos tres o cuatro dráculas volando y salimos todos corriendo”.
Estaba en una cena en Londres, una comida del Credit Swisse, que invita a 60 personas. Dice que se le acercó un chileno de la Sonami que quería sumarse a su mesa. Y él le respondió:
“En Chile me diste la mesa del lado del baño y aquí en Londres quieres sentarte conmigo”.
Durante la cena propusieron rifar un cuadro con la meta de llegar a dos mil quinientas libras. Comenzó el remate y él disparó la oferta con 10 mil libras.
El martillero se apuró para que no se arrepintiera. Farkas decidió volver a rematarlo y si un pez gordo daba otras 10 mil libras, él pondría 10 mil libras más. Al final, reunieron 80 mil libras.
“Lo que quiero decir es que sueñen, porque nada es imposible. Hay que atreverse”.
“Les voy a contar una historia real:
Cuando llegué a Chile me querían liquidar. Para exportar minerales tuve que construir un puerto nuevo. La ley antimonopolios en este país es ahí nomás. Empecé a gastar plata y me acusaron de que en mi mina encontraron huesos del papá de Bernardo O’Higgins. Tuve que traer unos arqueólogos de Francia. Me costó 60 mil dólares. Después me encontraron cactus que estaban en extinción. Tuvimos que replantar 6 mil cactus. Construimos una pared de containers de 40 pies para que no hubiera problemas ambientales. Hice que los niños de Caldera pintaran la historia en esos containers.
Llegó mi primer barco. El fierro es muy pesado, así que las toneladas se calculan en lo que sube y baja el barco. Una lancha tiene que medir proa y popa. Midió proa, pero cuando debía medir popa alguien llamó por una emergencia. Tuvimos que esperar la lancha dos horas. Luego llegaron la Conaf, la Conama y por último unos hombres con metralletas UZI porque pensaban que el barco traía droga. (.) Finalmente empezamos a cargar y aparecieron tres viejas con letreros:
¡Paren el barco, paren el barco!”.
Terminaron de cargar y Farkas hizo una gran fiesta para todo el pueblo.
“Desde entonces yo dije: cada cinco barcos que me lleguen, voy a hacer una fiesta para todos los estibadores. Comencé a invitarlos con las señoras y así se emborrachaban menos. Les llevo piluchas, al Coco Legrand, a la Marlen Olivari, ha estado la Tonka. Toda la plata que me cuesta esto, me va a favor”.
Cuando Farkas dejó de ir por la noche al puerto con los trabajadores comenzó a bajar el ritmo de carga. Encargó cámaras y las instaló para ver todo.
“Una vez estaba en Hong Kong y dije: la bodega número tres se demoró siete minutos en vez de cinco, ¿qué pasó?”. Se echó a perder la chancadora. “No, se comieron un asado”, les respondo.
Les compró guantes a todos los trabajadores de la estiba cuando se enteró que, después de usarlos 8 horas, llegaban otros trabajadores y se ponían los mismos guantes, calientes. Y al capitán del barco le tiene siempre vino blanco, vino tinto, papayas, taxis para que lleve a los marinos al pueblo, empanadas, en fin. “¿Cuánto vale? Nada. Y están contentos”, dice Leonardo Farkas.
Y les da cien mil pesos de aguinaldo.
“Mi consejo para ustedes es que sean más generosos”.
Leonardo indica que el secreto del éxito llega a los que tienen el coraje de luchar para conseguir sus sueños. “Ese es mi motor. ¿Quién es el más rico? No es quien más tiene, sino quien da más.
Sí, yo soy muy rico porque doy mucho más que otros”.
“He tenido tanto éxitos como derrotas, pero amo mi vida”
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Quiero apoyarme con el libro que ha lanzado al mercado el sr. Leonardo Farkas, creo que es de como proyectarse en la vida, perder esos miedos que no conducen a nada, creo que hay que sacar el goliat que tenemos dentro y vencer obtaculos de a poco, creo que tenemos que luchar para conseguir nuestros sueños. “Ese es nuestro motor”.
Agradecida